El corcho es un material natural, orgánico, renovable y biodegradable y 100% reciclable.
Su adecuada gestión aporta, además, valiosos servicios ambientales como la protección contra el cambio climático. Dada la larga vida del material, el CO2 queda depositado en los productos de corcho durante mucho tiempo. Se ha calculado que un tapón de corcho fija el doble de su peso en CO2. Por lo tanto, se trata de una industria que ayuda a retener el cambio climático.
El descorche tiene numerosas pautas regladas:
- Sólo se extrae una parte del corcho del árbol, en primer lugar para evitarle un excesivo estrés fisiológico y en segundo lugar porque sólo es interesante extraer el corcho con una calidad tecnológica adecuada.
- Se extrae exclusivamente el corcho, constituido por células muertas, respetando la capa madre, formada por células vivas, siendo la parte superior de ésta, el felógeno, la responsable de la formación del corcho. Aunque esta delgadísima capa muere al poco del descorche, en el alcornoque tiene la virtud de regenerarse en pocos días y adquirir de nuevo la capacidad de producir corcho.
- Se extrae en una época del año muy concreta: desde finales de primavera hasta la mitad del verano, que es cuando el corcho se da bien, es decir, se puede extraer sin dañar las capas de células vivas del interior del árbol.
- Se extrae con una periodicidad determinada: en Extremadura, entre dos descorches sucesivos transcurren al menos 9 años, sin embargo en otras regiones del área del alcornocal puede llegarse incluso a 15 años.

El bosque alcornocal es uno de los ecosistemas de mayor valor en términos de biodiversidad en Europa, albergando algunas de las especies animales más emblemáticas y amenazadas de los ecosistemas mediterráneos, como el águila imperial, la cigüeña negra o el lince ibérico.
Destaca por sus beneficios ambientales. La conservación del alcornocal reduce el riesgo de incendios, ya que el alcornoque es muy resistente al fuego gracias a la protección que le proporciona la capa de corcho que le rodea y su rápida capacidad de rebrotar. Asimismo, es un freno a la desertización, gracias a la capacidad de los alcornoques de retener el terreno en sus raíces al mismo tiempo que con sus copas frenen la intensidad de la lluvia, reduciendo la escorrentía del agua y evitando la erosión del terreno. En este sentido, el alcornocal, como otros bosques, tiene también un papel relevante en el ciclo del agua ya que la materia orgánica del suelo frena el agua de la lluvia, mitiga su efecto erosivo y absorbe el agua, lo que constituye un factor favorable a la alimentación de los acuíferos.
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